Inteligencia artificial y compraventa: en qué puede ayudar, qué riesgos entraña y por qué el notario sigue siendo imprescindible

La inteligencia artificial ha entrado de lleno en la vida cotidiana y también en operaciones tan trascendentes como comprar o vender una vivienda, un local o una empresa. Cada vez es más frecuente que quien se plantea una compraventa recurra a una de estas herramientas para preparar el terreno. Conviene entender qué puede aportar realmente, dónde están sus límites y riesgos y por qué la intervención del notario continúa siendo insustituible.

Entre sus ventajas se puede destacar la agilidad en la fase preparatoria. Una herramienta de este tipo ordena y resume documentación, compara ofertas y condiciones y explica en lenguaje sencillo conceptos que a menudo resultan áridos para quien no es jurista. Bien empleada, puede ahorrar tiempo.

Los riesgos, sin embargo, son considerables y conviene tenerlos muy presentes. La herramienta puede equivocarse (“alucinar”) y, lo que es más delicado, presentar como cierto aquello que no lo es, incluida legislación derogada o resoluciones y sentencias inexistentes, todo ello con una apariencia de seguridad que induce a confiar sin comprobar. No verifica la identidad de quien vende ni si tiene capacidad para hacerlo, no confirma que sea el verdadero titular ni si la finca soporta cargas, embargos o afecciones fiscales, y no garantiza que el consentimiento se preste de forma libre e informada. A ello se añade el problema de la protección de datos, pues volcar en un servicio ajeno escrituras, notas simples o documentos personales puede comprometer información sensible.

Y por encima de todo, la IA no garantiza nada.

Aquí es donde la figura del notario deviene esencial. El notario ejerce un control de legalidad del que ninguna herramienta puede hacerse cargo. Identifica a las partes y comprueba que quienes firman son quienes dicen ser, verifica su capacidad y la ausencia de vicios en el consentimiento, consulta la información registral actualizada para advertir de cargas, gravámenes o limitaciones que el interesado quizá desconoce. Advierte además de las consecuencias fiscales de la operación (aunque sin prestar asesoramiento fiscal), adapta el contenido del documento al caso concreto y advierte de las cláusulas que pudieran resultar abusivas o ineficaces.

La inteligencia artificial puede ser una herramienta útil, pero no sustituye el juicio, la responsabilidad ni la fe pública de un notario. Puede ayudar a llegar mejor preparado, pero nunca a firmar con seguridad. Esa seguridad, la que evita litigios y protege el patrimonio de una vida, la sigue proporcionando el notario. Y que conste, en la Notaría Juan Kutz Azqueta nos encanta la IA (de hecho, este artículo está escrito con la ayuda de la IA), y a la inteligencia artificial le encanta la rigurosidad  y solidez de nuestros documentos. Pero la labor personal del notario y el contacto humano son imprescindibles.

Importante: esta información tiene carácter meramente divulgativo, no constituye un dictamen ni opinión jurídica y no sustituye el asesoramiento jurídico individualizado que cada caso requiere.

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